Emiliano en Solitario: Un Viaje Interior
Después de más de 30 años de carrera y de conquistar escenarios alrededor del mundo con su banda, Emiliano Brancciari, el talentoso vocalista de la banda uruguaya-argentina No Te Va Gustar ha decidido dar un paso al costado y lanzarse en una aventura completamente personal. Este proyecto solista, bautizado simplemente como EMI, representa para él una liberación creativa y una oportunidad para mostrar su lado más íntimo y vulnerable.
Durante décadas, Brancciari ha sido el rostro y la voz de NTVG, viviendo con intensidad cada etapa de la banda y logrando algunos de los hitos más importantes para un músico rioplatense. Desde colaborar con grandes leyendas como Charly García y Mandrake Wolf, hasta llenar estadios y grabar con el icónico productor Joe Blaney, Emiliano ha experimentado el éxito en todos los niveles junto a sus compañeros. Pero en esta nueva etapa, decide adentrarse en algo completamente diferente: crear música que no dependa de los lineamientos de una banda, sino de su propia esencia.
Todo comenzó en plena pandemia, en un momento de aislamiento donde muchos planes quedaron en pausa. No Te Va Gustar acababa de lanzar su disco "Luz" en 2021, y, ante las restricciones, no pudieron presentarlo como esperaban. Emiliano sintió una energía creativa que no podía detener y comenzó a escribir canciones de un modo distinto, explorando sus propios sentimientos y experiencias. Cuando tenía varias canciones listas, contactó a Héctor Castillo, un reconocido productor venezolano que había trabajado con Gustavo Cerati en discos como "Ahí vamos" y "Fuerza natural", además de haber participado en otros trabajos de NTVG.
Castillo no dudó en invitarlo a su estudio en Nueva York, el GB’s Juke Joint en Long Island, donde lo esperaban músicos de sesión de primer nivel, como Gerry Leonard, Dan Mintseris y Aaron Steele, quienes han trabajado con figuras tan importantes como David Bowie y St. Vincent. Esta colaboración dio vida a "Cada segundo dura una eternidad", el primer álbum de EMI, un disco que Emiliano describe como un proceso casi terapéutico. En estas doce canciones, Brancciari se libera de la intensidad del formato de banda y se permite explorar un estilo más folk, con una voz más grave, alejada del dramatismo al que estaba acostumbrado en NTVG. Aquí, en cambio, se muestra íntimo y real, canalizando sus emociones en temas que hablan de amor, desamor y los altibajos de la vida.
Este proyecto solista, que en un principio lo llenó de nervios, ha resultado ser una experiencia única para Emiliano, quien asegura que tocar en estadios y sentir la energía de miles de personas es maravilloso, pero presentarse en lugares pequeños, donde cada mirada y cada silencio entre canciones se siente profundamente, es igualmente emocionante. Este contraste entre lo masivo y lo íntimo le ha permitido experimentar la música desde una perspectiva completamente nueva, algo que disfruta con una pasión renovada.
Como compositor, Emiliano ha demostrado una sensibilidad especial. Ha abordado temas que van desde el desamor adolescente y la paternidad, hasta cuestiones sociales como la violencia de género y los crímenes de lesa humanidad en Argentina y Uruguay. Para él, la inspiración se encuentra en todo lo que le conmueve, ya sea algo personal, una experiencia de alguien cercano o, incluso, algo que lo indigna de la sociedad. Su único requisito como artista es no repetirse, algo que considera fundamental para mantenerse auténtico.
Brancciari también observa con interés la evolución de la industria musical y el impacto de las redes sociales en la carrera de los nuevos artistas. Lejos de los prejuicios, se interesa en entender las motivaciones de las nuevas generaciones, quienes buscan el éxito en un contexto donde la tecnología ha cambiado las reglas del juego. Admite que, aunque las redes ofrecen oportunidades de crecimiento rápido, también pueden tener peligros, como la exposición excesiva y el impacto en la salud mental. En ese sentido, admira profundamente a Dillom, uno de los artistas jóvenes que se toma el tiempo para vivir cada etapa sin apresurarse, algo que Emiliano valora enormemente.
Para Emiliano, esta nueva faceta como EMI es mucho más que un proyecto alternativo: es una manera de reconectarse con su esencia como músico y de transmitir sus emociones de la forma más sincera. Aunque la carrera con No Te Va Gustar continúa llena de desafíos y sueños por cumplir, como tocar en países lejanos como Japón o Australia, este viaje solista representa una pausa reflexiva y creativa, donde cada segundo, literalmente, dura una eternidad.
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